ODIO INEVITABLE
Parece que todas las circunstancias se conjuraron: nocturnidad, horario, debut, expectativas, para que el primer GP de la temporada 2008 en el emirato árabe de Qatar iluminara de nuevo mi veterano corazón de irredento enamorado de los GGPP.Hace muchos años que dejé la dirección de Solo Moto.
Hace muchos años que dejé de escribir habitualmente en Solo Moto.
Lo he hecho ocasionalmente cuando alguna circunstancia ha llamado con fuerza a mi consciencia.
No pude evitar escribir “El honor es azul”, cuando Sete Gibernau dijo adiós al motociclismo. Aquél fue un texto directo y sincero donde me desnudé emocionalmente. Hoy lo voy a hacer de nuevo porque jamás pensé que nada en el motociclismo podría seducirme con tanta fuerza como este desafío.
LORENZO VERSUS PEDROSA
Lo que vimos en Qatar, lo que veremos en Jerez y puedo aseguraros que lo que veremos en los próximos diez años superará sin ninguna comparación posible el mayor enfrentamiento entre dos hombres que jamás se haya dado en los más de 50 años de la historia del Campeonato del Mundo de Motociclismo.
La historia que os voy a contar es la más bella historia jamás contada…
porque a Pedrosa y a Lorenzo les separan Alberto Puig y Dani Amatriaín, y a los cuatro… les separa un odio inevitable. Es su guerra, yo sólo la describo.
Para cualquiera que entienda de carreras, y deduzca los frágiles equilibrios que existen entre un periodista y un AS mundial del motociclismo, le será fácil deducir que la historia que voy a relatar no es en absoluto fácil de relatar sin correr el riesgo de no ser bien entendido. Voy a hablaros de ODIO. En mayúsculas.
Dice el Diccionario de la Lengua Española que la palabra odio del latín odium representa: “antipatía o aversión hacia algo o alguien, cuyo mal se desea”. (En nuestro caso se entiende que el mal es siempre deportivo).

Dicho así parece que este artículo, “Odio inevitable”, estaría condenado al fracaso por rechazo e incomprensión de nuestros lectores. Parece que la palabra odio debe ser rechazada de nuestro léxico y, según las formas de la buena educación, eliminada del léxico motero y desterrada de las conversaciones sobre el Mundial de MotoGP. Pues bien, arriesgaré.
Hoy voy a hablar de odio en superlativo. Voy a hablaros de odio con la intención de elevarlo a la más digna virtud que debe ceñir el ánimo de un piloto de élite.
Voy a hablaros de odio para aclarar que en este deporte hay una ley no escrita que dice: Dos hombres entran, uno sale. Voy a hablaros de odio para recordaros a todos que este deporte es grande y apasionante porque un hombre gana y los demás pierden.
Voy a hablaros de odio para subrayar que el que gana somete a los demás.
Este deporte, como cualquier otro deporte individual especialmente de riesgo, donde las lesiones, leves o graves, juegan en contra de quien las sufre, acentúa el espíritu de lucha y la imperiosa necesidad de ganar a cualquier precio. Si alguien es tan educado, sutil y pusilánime que estas afirmaciones le hacen daño, le recomiendo que deje de leer.
Lo que sigue es peor, en función de los cánones clásicos de entender la educación, y paradójicamente es entusiasmante en función de los que admiramos la lucha de un hombre contra otro hombre mezclando en el combate todas las miserias y todas las grandezas del alma. Sin orden y ningún concierto.
RIVALES NO, GLADIADORES SÍ
He pedido la colaboración de la memoria del director de Solo Moto, mi admirado Manuel Pecino, y también del director de Solo Moto 30, Pepe Codina, para recordar en cualquier tiempo desde el inicio del Campeonato del Mundo de Motociclismo en 1950 un enfrentamiento tan acerado (de acero) como el que os voy a relatar.No lo hemos encontrado. ¿Sabéis por qué? Porque en el mejor de los casos hemos encontrado grandes parejas, pero no hemos ido más allá de la definición de RIVALES.
Rivales fueron Agostini y Phil Read, rivales fueron Saarinen y Pasolini (tanto lo fueron, que murieron ambos juntos en el inolvidable accidente de Monza 1973), rivales fueron Nieto y Jean de Vries, rivales fueron Doohan, Gardner y Crivillé, rivales fueron Roberts y Spencer, rivales fueron Rossi y Gibernau. Para los españoles, lo que más se parecería a lo que os voy a contar sería el duelo Sito Pons y Garriga.
Aquel duelo en la década de los 80 fue el motor sin ninguna duda del actual motociclismo español. Pero ninguno de los duelos mencionados, incluyendo el de Pons y Garriga, sobrepasa la definición de rivales.
Lorenzo versus Pedrosa, por primera vez en la historia del deporte de la moto, alcanza el mayor y más sublime valor emocional en la lucha de dos hombres por un mismo objetivo. A través del odio.
No son rivales, eso queda para los demás, ellos son los primeros gladiadores de la historia del motociclismo.
Tengo la sensación de que éste será un texto histórico, tengo casi la certeza de que la lucha entre Lorenzo y Pedrosa no tendrá jamás fin. Hasta el final de su carrera deportiva. Echad las cuentas, tienen 21 y 22 años.
Por lo menos hasta 2018 vamos a asistir a un espectáculo en el que se habrán excluido de las reglas del juego la palabra misericordia, el concepto misericordia y los valores de la misericordia. Vamos a asistir al juego de la destrucción total, del uno contra el otro, porque ambos están convencidos de que uno de los dos sobra. Nos queda recordar que los rivales se aceptan entre sí, se reconocen… por eso los rivales no son gladiadores.
Insistiré las veces que haga falta en subrayar que éste no es un texto crítico, ni una descripción alarmista, ni una llamada a la concordia, entre Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa. Pretendo dejar meridianamente claro que éste es un texto reverencial, y de suma admiración por los cuatro combatientes: Lorenzo, Amatriaín, Pedrosa y Puig.
Soy amigo de los cuatro, especialmente de los gestores de las carreras de ambos pilotos, Amatraín y Puig, soy admirador y amigo de Jorge Lorenzo, y convencido fan y amigo de Dani Pedrosa. Y por lo tanto espero que los cuatro encuentren en la lectura de este texto el homenaje de admiración de este viejo aficionado que percibe en su desafío el mayor espectáculo que dos hombres pueden dar en un deporte. El de su sinceridad.
A estas alturas del relato, algunos se preguntarán dónde se pierde el límite de la rivalidad y se bucea en el odio; en qué punto de la vida de Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo y sus autores Dani Amatriaín y Alberto Puig se da el paso trascendental de negarle a su contrario el espacio, el presente y el futuro…
NO CABEN LOS DOS
La historia que estoy relatando es tan pasional, que daría para darle cuerpo a un libro y por supuesto contenido al guión de una película.
Por eso no tengo más remedio que viajar por los límites de lo sucinto, aunque pierda por el camino grandes y apasionantes matices.
Así pues, divido el resto del relato desde el eje de dos visiones, desde la razón y la sinrazón que atiende a la pareja Alberto Puig y Dani Pedrosa, y Dani Amatraín y Jorge Lorenzo. Todos conocemos hoy la increíble performance de Alberto Puig en el desarrollo del motociclismo de base, primero con Telefónica-Movistar y después, pasada la etapa de formación-escuela, la de perfeccionamiento de la mano de Repsol.
Todos conocemos el triunfo profesional, trufado de sacrificio, entrega, talento, de Alberto en la carrera deportiva de un diminuto chavalín llamado Dani Pedrosa por el que nadie apostaba en sus inicios.
Todos conocemos la vehemencia y determinación de Alberto Puig en la defensa de sus convicciones. Algunos recuerdan (aquélla fue una ingrata experiencia para mí) el divorcio de Alberto Puig y otro diminuto y jovencísimo talento de la época, Toni Elías. Os aseguro que en la vida de Alberto no existe el gris. Es blanco o negro. Imperativo, directo, concreto y siempre, siempre, tozudamente inamovible. Poco importa que esté equivocado o no.
Ha sabido encontrar siempre el camino del acierto, arrastrando con un bulldozer todos los errores necesarios e innecesarios. Así, para que esta historia tenga sentido, he de señalar que el objetivo prioritario, anímico y vital de Alberto Puig ha sido exclusivamente uno: convertir en campeón del mundo a aquel chavalín de Castellar del Vallès llamado Dani Pedrosa. Lo hizo con tanto ahínco, puso tanto empeño, que lo consiguió no una sino en 125cc y dos en 250cc. la máquina se puso a caminar en 2003, ambos, Alberto y dejaron el plural y se convirtieron en el singular. Para ellos existía otro mundo, otro motociclismo, otros rivales que estuvieran a su espalda. Alberto supeditó a partir de 2003 todo lo que le rodeaba a rotundo después de mí. Prensa, amigos, patrocinadores, HRC, etc., etc. Todos sin excepción eran simples proveedores de un único cliente. Él y Dani.
Mejor dicho, ni siquiera él. Dani, el eje del universo.
Durante los últimos cuatro años (renuncia de Sete, decorativa situación de Checa, fugaces apariciones de Elías), Pedrosa, como un gran imán, se convierte en el eje, en el centro de todas inquietudes, de todas las miradas, de todas las preguntas.
universo más planeta que el de Dani, ni más lucero que el de Alberto.

Pero HRC no encuentra la moto adecuada. Ni en 2006, cuando fue Campeón del Mundo Nicky Hayden, su propio compañero de equipo, ni en 2007, cuando él mismo logró el subcampeonato. Esto le produce un inmenso dolor. La máquina de Alberto no está programada para perder.
En paralelo, y compartiendo el mismo momento pero no el mismo espacio, surge un joven Lorenzo desde la incierta posición de no haber ganado ningún título mundial en 125cc.
Lorenzo y Dani Amatriaín ganan con autoridad el Mundial de 250cc en 2006 y 2007.
Lorenzo no viaja solo, va con él un guerrero ladino y sagaz que lleva en el alma un sinfín de facturas por cobrar de Alberto Puig.
Los trenes en direcciones opuestas y en la misma vía se están acercando.
Se imagina alguien las noches de Alberto Puig viajando por los senderos del sueño y diciéndose a sí mismo: “Coño, ahora no”, “ahora no”.
“Estos dos (Amatriaín y Lorenzo) no pueden llegar ahora. He de terminar mi trabajo, he de conseguir que Dani Pedrosa sea campeón del mundo de MotoGP. Luego que hagan lo que quieran, que vayan donde quieran”.
Cada mañana, al levantarse durante 2007, uno u otro le recordaba que Lorenzo venía como un misil ganando el Mundial de 250cc y que iba a ser el coco en MotoGP. La respuesta fue siempre fulminante, dicha, sugerida o imaginaria. Alberto no iba a reconocer nunca a Lorenzo ninguna equidistancia en lo que se refiere al talento. En la vida. Mucho menos a Dani Amatriaín.
No se sabe cómo, los misiles volaron entre los breves y artículos de la prensa internacional: “El Mundial de 250 no tiene mérito en 2007, es fácil y accesible”. En una palabra, se sugería poco mérito en el empeño.
¿Quién propagaba la noticia? Hoy ya da igual.
Alberto tan sólo pedía más tiempo para cerrar definitivamente el círculo de su ambición. Ganar el Campeonato del Mundo de MotoGP.
El papel y la expresión escrita permiten siempre dar pasos de gigante.
Marzo 2008, Qatar nocturno 2008, pole inimaginable de Lorenzo en MotoGP, salida histórica de Pedrosa con la Honda y el primer pódium del tercer milenio. Stoner, Lorenzo, Pedrosa. Ni una mirada, ni una mano abierta, ni una sonrisa. El combate había empezado, durará 10 años. Dos hombres entran, uno sale.
La historia de Dani Amatriaín es por similitud muy parecida a la de Alberto Puig. Aunque Dani Amatriaín no detenta un histórico deportivo del alcance de los éxitos de Alberto Puig (estoy convencido de que Alberto sido el primer español campeón del mundo en 500cc de no mediar su accidente en Le Mans), Amatriaín también fue un excelente piloto al que le dediqué en su día un emocionado editorial por una soberbia carrera con machada incluida en el Mundial de Superbike en Albacete. Dani Amatriaín se encuentra muy pronto con el niño Lorenzo, jovial, desenfadado, también irreverente, y blindan entre ellos una alianza forzosamente tormentosa. A diferencia de Alberto Puig, que sobre todas las cosas sólo quiere ser Alberto Puig, Dani Amatriaín quiere ser empresario, rico, el mejor, el más listo, en una palabra, un ser único todavía no inventado.

A diferencia de Alberto Puig, Dani Amatriaín alimenta la carrera de Jorge Lorenzo, manteniendo mil guerras con frentes abiertos en cualquier lugar y con cualquier persona. Dani Amatriaín es en toda la extensión de la palabra un desafiador.
A diferencia de Alberto Puig, al que sólo le obsesiona un solo concepto:
Dani, las carreras y ser Campeón del Mundo en MotoGP.
Dani Amatriaín soporta mal el éxito del que le rodea (menos el de los mayores de 58 años).
Ha conseguido todo lo que se ha propuesto en la vida, es listo, astuto y extremadamente ladino. Por si fuera poco, en lo personal, seductor y atractivo.
Tiene dos personalidades; Alberto, a diferencia, sólo tiene una, siempre él mismo. Siendo capaz de pasar de la amabilidad más extrema, de la seducción más exquisita, a la violencia verbal más desatada.
Creo que es capaz de dar la vida por una causa justa y también injusta.
Es, no tengo ninguna duda, uno de los personajes más influyentes en el mundo del campeonato de motociclismo. Tiene pocas cosas en común con Alberto Puig, pero empatan en dos al milímetro. Es un mal enemigo.
No se rinde nunca… como Alberto Puig. Y como Alberto Puig, también, es un trabajador incansable. Sigo la historia, os imagináis las noches de Dani Amatriaín por los senderos del sueño diciéndose a sí mismo: “Quién pone en duda el valor de los dos títulos de Jorge”, “Quién pone en duda el talento inmenso de Jorge”.
Por la mañana, al levantarse durante 2006 y 2007, una sola idea zumbaba en la cabeza de Dani Amatriaín: “Se van a enterar”, “se van a enterar”, “en MotoGP no seguiréis sin mí”.
Odio, en estado puro.
Podéis estar convencidos de que la pole de Qatar y el pódium final no fueron inéditos y sorprendentes para Dani Amatriaín.
Él ya lo había soñado antes.
Dani tiene en el reverso de la solapa de su chaqueta una chapa redonda, lacada en blanco, con letras rojas y admiraciones que reza: “¡Ya lo sabía!”.
Es una deuda acumulada, que fraccionada de factura en factura, está convencido de que va a cobrar del patrimonio de Alberto Puig y Dani Pedrosa.
Aunque en este punto del relato es ya tan sólo anecdótico, os diré que entre Dani Amatriaín y Alberto Puig hace ya mucho tiempo que las palabras, siquiera las formales, emigraron a otras latitudes donde hiciera menos frío.
En una palabra: no se hablan.
Marzo 2008, Qatar nocturno 2008, pole inimaginable de Lorenzo en MotoGP, salida histórica de Pedrosa con la Honda y el primer pódium del tercer milenio. Stoner, Lorenzo, Pedrosa.
Ni una mirada, ni una mano abierta, ni una sonrisa.
El combate había empezado, durará 10 años.
Dos hombres entran, uno sale.
AL ENEMIGO, NI AGUA
A las lectores que amen la literatura y les guste la ética, les será familiar reconocer los casos en que grandes héroes militares a lo largo de la historia fueron capaces de manejarse, con soltura, entre lo sanguinario y los valores de la cortesía y la generosidad. Por recordar una pareja; Saladino, el gran defensor musulmán de Jerusalén, y Ricardo Corazón de León,
en la tercera cruzada contra la Ciudad Santa en el siglo XIII.
Ricardo cayó enfermo durante el asedio de la ciudad y Saladino envío sus mejores médicos a recuperarlo. Y lo lograron.
Puedo asegurar, sobre todo después de lo que habéis leído, que ése no será el caso de los cuatro jinetes del Apocalipsis que configuran esta historia. Lorenzo y Pedrosa difícilmente se tenderán ninguna mano el uno al otro a lo largo de los 10 años de la dura, cruenta, cruel batalla que ambos van a mantener. Os preguntaréis si este odio feroz entre ambos surge de un idéntico ADN, de un comportamiento similar, calcado entre Jorge y Dani, Dani y Jorge.
En absoluto. Cada uno defiende la negación, y el ninguneo de su par por diferentes caminos.
Si seguís atentamente a lo largo del año el devenir de este duelo a través de los medios de comunicación, observaréis que Jorge Lorenzo, de los dos, es el generoso, el amigable...
No os lo creáis.
Es tan sólo el estilo de su modalidad de caza.
Jorge es el aspirante, el que llega, el que busca el cuerpo a cuerpo con Pedrosa, en el pódium o en una rueda de prensa, el que busca tomar la mano de Pedrosa y estrecharla con fuerza, el que reclama buenas maneras y parece soliviantado al no obtenerlas.
Estad atentos, queridos lectores, a la estrategia.
Todo es una trampa.
Jorge tiende los hilos de una potente tela de araña que pretende fijar e inmovilizar a Pedrosa en la prisión de las formas, los modales y la educación. Si lo consigue (que no lo creó), medio Pedrosa será suyo.
Fijar a su enemigo en un terreno, las relaciones humanas y la
comunicación, donde Pedrosa no es ni siquiera aprendiz y donde Jorge es consumado maestro. En el otro campo de batalla, Alberto y Dani saben perfectamente que no caerán en esa trampa.
No habrá manos tendidas, ni miradas de reconocimiento, sobre todo si Lorenzo está en un escalón superior al de Dani en los próximos pódiums.
A diferencia de Amatriaín y del showstar que es Lorenzo, para Alberto Puig y Dani, el Campeonato del Mundo de Motociclismo no tiene candilejas, ni orquesta, ni siquiera prensa, ni a Dani ni a Alberto les importa nada ni nadie que no sea exclusivamente ganar.

No recuerdo un caso igual desde que vivo por y para el motociclismo.
Los dos son de la cabeza a los pies auténticos cruzados.
Os puedo asegurar que ni siquiera les interesa el dinero.
Por eso, porque sólo miran hacia delante, no van a reconocer para nada que Lorenzo ha llegado y que viene con intención de quedarse.
Aunque os parezca increíble, a día de hoy, no sé mañana, Lorenzo no existe en la cabeza de Dani Pedrosa, pero tampoco Stoner y ni siquiera Rossi.
En ese sentido Dani es el peor rival que nadie puede encontrar jamás, para él todo es anónimo, todos son anónimos. No tienen nombre, ni nacionalidad.
Jorge Lorenzo, por su parte, sabe que Dani piensa y actúa así.
Sólo le vencerá cuando le obligué a mirarlo a la cara y cuando le coja una mano y la apriete con furor.
Epílogo: la afición y el espectáculo salen ganando.
He dicho en algún punto de esta larga y profunda reflexión que el duelo Pedrosa/Lorenzo será el más grande enfrentamiento de la historia del motociclismo internacional.
Alberto Puig, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo y Dani Amatriaín, polarizará, cada vez más, la tensión de la afición, que se dividirá profundamente.
Y de los medios de comunicación.
No quisiera dejar en el tintero subrayar que este formidable nivel de acritud entre dos jóvenes pilotos sería imposible sin el detonante de la fuerte personalidad e identidad de sus creadores Alberto Puig y Dani Amatriaín.
Será fácil de entender, porque a lo largo de la historia las grandes parejas de rivales nunca fueron gladiadores. Ni siquiera Pons y Garriga.
Porque nunca fueron cuatro y nunca estos cuatro fueron excepcionalmente buenos y prodigiosos en sus habilidades.
Debemos añadir que pocas veces se da que en una misma generación surjan al mismo tiempo dos talentos universales como Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo.
Así pues, con la combinación metereológica de Dani Amatriaín con Jorge Lorenzo y Alberto Puig con Dani Pedrosa, el tsunami está servido…
y con él la destrucción.
¿Y de Stoner y Rossi, qué?
Con independencia de sus habilidades, ambos van a ser testigos de una lucha tan cruel, que no serán capaces de entenderla, al menos, hasta pasada la mitad de esta temporada 2008.
Va a soplar cerca de ellos un viento recio y duro.
Harán muy bien en cogerse fuerte y capear el temporal.
P.D. Si este artículo, apasionante y en cierta medida escandaloso, aunque no era mi intención, lograra el improbable mérito de acercar las manos de Lorenzo y Pedrosa y tintar de falso almíbar una relación imposible, escondiendo en una leve pero opaca cortina de humo el odio que he descrito
aquí con tanto detalle, el Campeonato del Mundo de motociclismo y el universal espectáculo de la motocicleta habrá perdido la más bella ocasión de ser testigos de observar atónitos cómo dos hombres entran y uno sale…
sin trampa ni cartón.
Publicado por jaimealguersuari, el 21-04-2008 a las 17:14
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