El honor es azul
Queridos y desconocidos amigos, jamás pensé que me iba a convertir en blogero, sin duda estamos ya en el tercer milenio.
Amo las motos, en función de los hombres que las manejan, que las construyen, que las reparan, que las diseñan.
Admiro, en definitiva, a los héroes.
Por eso corrí en moto, por eso les conocí, y por eso fundé Solo Moto en 1974, la revista de motos más apasionada.
Mientras os apetezca, mientras leais mis textos, los discutaís, a favor o en contra, estaré aquí, con vosotros, en la certeza que no utilizaré jamás este espacio en una dirección contraria a la que dicte mi corazón.
Normalmente, recuperaré textos, ya escritos, que me parecieron excelentes, y que por su contenido y sus personajes merecen viajar de nuevo, aún más lejos de los límites del papél de Solo Moto, para el que fueron creados.
También, cuando las musas se dignen a mirarme de reojo, escribire algo para el blog, especificamente, más corto por supuesto.
Pero hoy, en la linea de sinceridad que supuso el articulo "Odio Inevitable" La historia más hermosa jamás contada, quiero trasladaros un texto, que me emociono linea a linea, mientras lo escribía.
"El Honor es Azul", fue mi humilde homenaje al "último héroe" de mi sentimiento, Sete Gibernau.
Nadie se portó bien con él, tampoco Solo Moto, y la mayor parte de la prensa.
Mientras él se partía el pecho contra Rossi, ganándole en ocasiones, el murmullo de reprobaciones, contrastaba con los aplausos, comprensiones, afectos que todos profesaban en paralelo a un entrañable Carlos Checa, que viajaba en " un turismo veloz "entre el diez y el quince en cada carrera de moto GP.
Os dejo pués con El Honor es Azul, un texto que merece debate, cariño y reflexiones.
Tal vez, vosotros, podaís ahora desded el blog, devolverle a Sete lo que siempre fue suyo.
Un abrazo a todos y todas, de Jaime Alguersuari.
Carta abierta a Sete Gibernau
El honor es azul
Querido Sete, ésta es una carta personal, pero expresamente abierta a todos los lectores de Solo Moto, aunque no puedo evitar sostenerla del titular “El honor es azul” que en dos palabras da sentido a los sentimientos que deseo expresar. Asistí emocionado, en silencio, también abrumado, a la improvisada rueda de prensa que organizó tu hermana para decirle a la prensa que te ibas. Que Sete Gibernau se retiraba. Hace algunos años que ya no escribo en Solo Moto. Para los lectores más jóvenes, deben saber que yo creé esta revista en 1975, cuando apenas tenía 24 años, y absolutamente imbuido de sentido de misión, creí que el motociclismo de velocidad, especialmente, era la razón por la que yo había venido al mundo.S olo Moto, durante los últimos 30 años, ha sido el órgano de defensa de lo español. De lo nuestro. Jamás entendí, cuando era director, que un apellido extranjero, por mayor calidad, tronío y talento, fuera mejor que los nuestros. La fuerza de las circunstancias, el flujo de la vida que te empuja y te empuja en otras direcciones, hizo que tuviera que abandonar mi actividad como director, como periodista en Solo Moto, para dedicar mi tiempo a consolidar la empresa editorial y el grupo empresarial que hoy da trabajo a 200 personas. En ese momento decidí poner la revista en manos de los que consideré y sigo considerando excelentes directores: Josep Codina, Enric Clará, Paco Comuñas, Antoni Regidor, Javier Olave, y hoy, Manuel Pecino. Con todos ellos tomé el compromiso que he cumplido inmaculadamente. No intervenir en su gestión. Permitir que ellos entendieran la revista a su manera, y fueran ellos quienes dirigieran sin cortocircuitos a sus redactores. Fue mi compromiso y lo cumplí. Y lo seguiré cumpliendo. Me permito esta aclaración, querido Sete, porque sólo ahora que ya te has ido puedo adelantarte que no han sido pocas las ocasiones en que me ha parecido injusto, cruel y también inhumano, el tratamiento que algunos medios de comunicación te han dado a lo largo de tu carrera y también, en algunas ocasiones, la propia revista Solo Moto no fue, a mi entender, el escaparate de valores de lo nuestro, que yo construí en su momento. Es probable que el que haya perdido la referencia, el punto de vista e incluso el angular del Mundial, sea yo, que a los 56 años soy ya un sénior y, por lo tanto, un veterano.
Es también probable que el ideario original de Solo Moto, la defensa a ultranza de los pilotos españoles por encima de cualquier astro internacional, esté hoy pasado de moda, y el lector, como he podido comprobar en cientos de cartas, esté seducido por el carisma, la simpatía, la ironía vestida de pollo o muñeca hinchable, que el más brillante piloto que haya tenido el motociclismo mundial ha lucido a lo largo de la carrera, que afortunadamente* ha coincidido contigo.

Quizás todo eso, hoy sea así. Pero como ésta es una carta personal entre Sete Gibernau y Jaime Alguersuari, que por defecto profesional abro a los lectores (sigo siendo un periodista de corazón) y también por el derecho que tengo a trasladar mi opinión, como la tienen todos los lectores, quiero que sepas que no hay en el mundo, repito, en el mundo, un mayor y más encendido y orgulloso admirador tuyo que yo. ¿Cómo es posible que habiendo ganado dos subcampeonatos del mundo, pero, sobre todo, habiendo sido el único tío que en el mejor momento de ese astro brillante y aparentemente extraterrestre que es Valentino Rossi, le ha ganado varias veces, de tú a tú, en la última vuelta y en la última curva, quedando en el aire como una afirmación que no olvidaré: “hoy no, Valentino, hoy no”, haya gente que te ha cuestionado y te ha encontrado las mil y una caras de un caleidoscopio que en ningún caso es el tuyo? No he logrado entender cómo peleando con una fiereza tan evidente que casi se podía tocar, algunos periodistas y, por qué no, miles de aficionados han ninguneado tus pódiums, mientras nadie ponía en cuestión la simpatía, el cariño y la ternura que todo el mundo profesa a Carlos Checa. Carlos, mi amigo, hombre de gran corazón, seductor de multitudes, competía por pasión… y porque al décimo también le pagan .Y todos lo sabían. Tú, en cambio, competías por ganar al más grande, le ganaste en varias ocasiones, incluso diría que en alguna de ellas le humillaste. Lograste dos subcampeonatos mundiales. Empero, una pléyade de plumas, micrófonos, comentarios, que en su conjunto formaban opinión, hicieron imposible, al menos a mis ojos, que Sete Gibernau fuera el hombre más querido de España. Pues bien, querido y admirado Sete, quiero que sepas, ahora que lo puedo escribir, que para mí has sido, no tan sólo por un sentimiento de amistad, afecto respeto, sino por la pura estadística en la mano, el piloto motociclista más grande que ha dado hasta el día de hoy nuestro motociclismo, junto a Álex Crivillé. Repito, el piloto motociclista más grande que ha dado jamás el motociclismo español. Me sonrojo cuando escribo estas líneas, al pensar en que esta afirmación grandilocuente produce a la vez una paradoja. Eso lo sabe Álex Crivillé, lo sabe Alberto Puig, lo sabe Carlos Checa, sabe Sito Pons, lo sabe Jorge Martínez Aspar, incluso lo sabe Ángel Nieto, lo saben todos. Ellos te vieron, todos, pelear mano a mano con ese monstruo, con extraordinario centauro llamado Valentino Rossi. Y ellos te vieron ganarle. Y ellos te vieron perder. Y todo ellos, y yo entre ellos, te vimos ganar con humildad y te vimos perder con humildad.Tu forma de ser, tu educación espacial y especial que ralentizaba todo aquello que estaba a 10 metros de tu caminar, fue probablemente lo que más molestó a Valentino Rossi durante el período que peleó contigo. Supongo que el conjunto de esta reflexión no pondrá de acuerdo a todos los lectores ni, por supuesto, a toda la prensa española que tenga ocasión de leer estas líneas. Tampoco lo pretendo. Es mi opinión y no tiene más influencia que el derecho de darla a conocer. No podría terminar esta carta sin hurgar en una cuestión que pudo haber cambiado el signo de los acontecimientos de tu carrera. La última vuelta, la última curva de un GP de España en Jerez, que habías ganado magistralmente y que se esfumó, a 150 metros de la meta. Le habías dado una lección magistral al más grande de toda la historia del motociclismo, Valentino Rossi. Quizás haya alguien que crea que aquella maniobra soez, impura, fea en toda la amplitud de la palabra, de Valentino apoyándose en ti para corregir una trayectoria imposible que él ya no tenía, fuera lícita, pero no es difícil recordar que la tribuna completa de Jerez, unos cuantos miles, lo abroncaron coléricamente. Los que allí estuvieron y lo vivieron saben que a Sete Gibernau le robaron, por impotencia del rival, un GP que había ganado… y quizás su primer Mundial. Siempre pensaré que si Valentino no es de este mundo, tú tampoco. Pero los dos pertenecéis a mundos distintos. En el pódium no lanzaste una mueca de enfado y tuviste las agallas de darle la mano.Y o, no lo hubiera hecho; Nieto, tampoco. Tampoco Crivillé. Tampoco Alberto Puig. Tampoco Sito Pons.¿Sigo? Sólo tú.

Hay quien dice que los Bultó, la larga saga de esa familia cuyo origen es don Paco Bultó, creador de la más mítica marca española de motocicletas, Bultaco, tienen sangre azul. Y la sangre azul, en ciertos sectores de la afición, no está bien vista. Aprovecho para decirle a quien lo crea, que la sangre de los Bultó no es azul, sino espléndidamente roja como un sol de verano al despertar el alba. Querido Sete, me vas a permitir utilizar esta carta para confesarles a los lectores un secreto. Lo que no sabe nadie es que don Paco Bultó, tu abuelo, el excepcional hombre que originó y dio amplitud a esta familia, tampoco tenía la sangre azul. Lo que tenía azul era el corazón. Por eso, el honor es azul.
JAIME ALGUERSUARI
(*) He dado definición de afortunado a tu encuentro en el tiempo con Valentino, donde otros periodistas podrían entender desafortunado.Te diré por qué. Algún día Valentino se tendrá que retirar.Algún día Valentino será vencido y, a lo mejor, cuando le ganen, recogerá la misma mies que él sembró. Si algún día otro le empuja para hacerse sitio y gana una carrera que a 150 metros de la meta era de Valentino, Valentino recordará que el honor es de color azul.
Diccionario de la lengua española
Definición de honor:
1. Cualidad que lleva a una persona a comportarse de acuerdo con las normas sociales y morales que se consideran apropiadas: un hombre de honor.
2. Buena reputación: aquello le reportó más honor que dinero.
3. Aquello por lo que alguien se siente enaltecido o satisfecho.
4. Dignidad, cargo o empleo. Más en pl.: trabaja duro para alcanzar altos honores en su profesión.
5. Hacer honor a algo loc. Poner de manifiesto, destacar, dejar en buen lugar: con su honradez hace honor a su apellido.
Publicado por jaimealguersuari, el 23-04-2008 a las 16:23
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